viernes, 30 de julio de 2010

FIN DE LA AVENTURA

Escribo esta última entrada desde el aeropuerto de Milán, donde estoy esperando para hacer la última escala que me llevará a Madrid. Tras 13 horas de vuelo, aprovecho que tengo varias horas de espera para poneros al día.  

He pasado un mes en Shanghai que ha sido espectacular. Nos hemos dedicado a continuar con el mantenimiento del barco para los actos promocionales que se han estado celebrando, a pesar de las muchas pegas y dificultades que las autoridades chinas nos han puesto. Ha sido una pena porque nos habría gustado abrir al público pero no nos lo han permitido por temas de seguridad (¿?).

Sin embargo, nos ha dado tiempo a conocer una ciudad y una cultura radicalmente opuesta a la nuestra. Hemos tenido la oportunidad de hacer turismo (Hong Kong, Hangzhou, Hainan y Shanghai) y he podido conocer cómo vive el pueblo chino, sus costumbres, su alimentación y su forma de trabajar. También hemos tenido la oportunidad de convertirnos en campeones del mundo y desde aquí hemos seguido y apoyado a muerte a nuestra selección.

Pero también hemos sido testigos de cómo llega el final de esta etapa. No se me olvidará la cara que se nos quedó a todos cuando despedimos, entre una tremenda ovación, a los primeros tripulantes que dejaron el barco. Muchos de nosotros no pudimos evitar las lágrimas al ver cómo nuestros amigos, nuestros hermanos de mar, bajaban por última vez la escala de acceso al barco y se despedían, como nosotros, con el corazón roto.


Cuando ponga un pie en Madrid, dentro de unas horas, consideraré que, definitivamente, esta aventura se ha acabado. Han sido 8 meses y medio absolutamente inolvidables, más de 250 días cargados de emociones, de alegrías, de risas, de aprender de los mejores, de imitar a los marinos del siglo XVII y de aprender otra forma de vida. Pero por encima de todo eso, han sido unos meses de VIVIR, con mayúsculas, de disfrutar con este regalo que me ha dado Dios y de aprovecharlo a tope.


Por supuesto, ha habido momentos malos, de dudas, de miedos, pero todo ello se queda en meras anécdotas porque lo positivo gana la partida por goleada. He conocido a un grupo de personas admirable, que en mayor o menor medida se han convertido en mi familia durante este tiempo y a los que siempre voy a recordar:

Gonzalo el capitán, Manolo y Antoñete (los expertos), Manu y Jaime (los pilotos), Manolo y Paco (cocinero y gambuzero), Perico (contramaestre y jefe de mi guardia), Choco y Guti (jefes de guardia), Pepe, Curro Marchena, Colorao, Juan Diego, Alvaro, Esther, David, Fernando, Croqueta, Jauma, Eloy, Gabri, Aurora, Hector, José, Pepelu, Alberto, Augusto, Miguel, Mauri y Borja. A todos ellos los llevaré siempre dentro de mi corazón porque han formado parte de una aventura única que he tenido la suerte de poder compartir con ellos.

Durante este tiempo he aprendido un montón de cosas (a usar una carretilla eléctrica o torito y una piopio o plataforma elevadora, a hacer nudos de varios tipos, a conocer las propiedades de la madera, a calafatear una cubierta, a enmasillar, a usar una radial, a conocer distintos tipos de pintura y aceites para tratar la madera, a usar una carta náutica, un sextante y un astrolabio, a trazar un rumbo, a entender las luces de un barco, a guiarme por las estrellas y así un largo etcétera). Me han dolido las mandíbulas de tanto reírme. He disfrutado de conversaciones divertidísimas, de charlas super interesantes y de apasionados debates. He podido compartir mis alegrías y mis preocupaciones así como escuchar las de mis compañeros. He disfrutado de noches bajo un cielo plagado de estrellas, de unos amaneceres espectaculares y de unos atardeceres maravillosos. He sentido una sensación de paz y tranquilidad como nunca la había experimentado. Por todo eso, y por otras muchas cosas que me guardo para mi mismo, puedo decir que esta experiencia me ha hecho absolutamente feliz.


Y como no puede ser de otra manera, antes de despedirme he de decir GRACIAS a mucha gente. Gracias Mary por entender lo que esto significaba para mi. Gracias a mis padres por sus constantes muestras de cariño y por su apoyo incondicional. Gracias a mis hermanas por decirme te quiero cada vez que hablaba con ellas. Gracias a mis amigos, por decirme “vuelve ya” y “te echamos de menos”. Gracias a mis primos, por sus constantes muestras de afecto. Gracias a toda la gente de la Fundación Nao Victoria (Juan Salas, José, Edu, Lupe, Maca, Ana, Kete y Belén) que se ha dejado el alma en hacer de un sueño, una realidad. Gracias al Maestro Calviño por hacer arte de un trozo de madera de iroco. Gracias al Maestro de la Villa por enseñarnos lo que se puede hacer con un cabo y un poco de brea. Gracias a Ignacio Fernández Vial por ser un idealista y ver genialidades donde otros sólo ven locuras. Gracias a Joaquín Garrido por dirigir magistralmente la construcción del barco y enseñarnos el valor de una sonrisa. Y por su puesto, gracias a todos los que habéis seguido mi aventura todos los días a través de la pagina de la Fundación o de mi blog.

Así pues, llego al final de la aventura, llego a buen puerto, a mi casa, con mi gente. Al Galeón lo llevaré conmigo allá donde vaya y mi espíritu seguirá surcando los mares junto a él. Buenos vientos amigo,y buena mar.

lunes, 12 de julio de 2010

SHANGHAI: OBJETIVO CUMPLIDO

Perdonad que no haya podido actualizar el blog antes, pero en China estan prohibidos los blogs (por eso de la libertad de expresión) y hasta que no he conseguido un programa para burlar el bloqueo no he podido escribir. Lamento también no poder colgar fotos, pero el programa no me lo permite, pero prometo que en cuanto pueda, lo haré. Lo que os voy a contar lo tengo escrito desde el segundo día que llegué aqui, pero creo que merece la pena dejarlo como estaba, aunque lleve ya casi 3 semanas aqui... Ahí va!!:


96 días después de zarpar de Sevilla el 21 de marzo, el 24 de junio atracamos en Shanghái. No sé como explicaros cómo me siento en estos momentos. La verdad es que me cuesta creer que esta locura en la que me metí con toda la ilusión del mundo esté llegando a buen puerto y nunca mejor dicho. Ahora que hemos conseguido nuestro objetivo, echo la mirada atrás, cuando en el mes de noviembre cogí el coche y me fui a Punta Umbría y me da un poco de vértigo. Me he pasado los últimos 8 meses de mi vida dedicado en cuerpo y alma a este barco y eso, para un tío de Madrid y que trabajaba en una oficina, es un cambio brutal. Soy un autentico privilegiado por haber podido participar de esta historia, por haber podido ser parte de una tripulación que ha construido y navegado en un gran barco, haciendo algo histórico y que no se hacía desde hace mas de 3 siglos.


Y también, porqué no decirlo, olé mis cojones (y perdón por la expresión). He navegado casi 11.000 millas (unos 19.000 kilómetros), he cruzado 4 mares (El mar Mediterráneo, el Mar Rojo, el Mar arábigo y el Mar de China), navegado por tres océaos (atlántico, Indico y Pacífico), atravesado 3 estrechos (Gibraltar, Bab El Mandeb y Malaka) y visitado 8 países (Malta, Israel, Egipto, Sudan, Omán, Sri Lanka, Singapur y China). He atravesado una de las zonas de piratas más peligrosas del mundo. He soportado temperaturas de 3 grados de frio y 45 grados de calor, he trabajado bajo la lluvia, he pasado dos gastroenteritis y unos cuantos mareos, me he duchado con agua salada (y fría) durante 96 días, los poros de la piel me han sangrado por el salitre, y en definitiva, he cruzado medio mundo. Toma ya!!!

Por supuesto, todo lo malo se queda en meras anécdotas porque lo positivo gana la partida por goleada, pero eso lo dejó para mi próxima entrada en el blog, dentro de unos días.

Ahora ya puedo contarlo, pero no ha sido fácil. Navegar en las condiciones que hemos tenido se hace duro, sobre todo al principio. He de reconocer que tuve unos días en los que pensé que no iba a poder con esto, que no iba a ser capaz de adaptarme a un medio tan distinto al habitual, al ritmo de las guardias, de la poca comida, de las incomodidades, del mal cuerpo… Pero gracias a Dios, conseguí superar esos malos momentos y he podido realmente disfrutar de una aventura que se queda grabada en mi retina y en mi corazón hasta el día que me muera.



Es más, he de darle la razón a mi prima Lupe y a mi amigo Mosca (quién hizo la travesía Japón- Sevilla con la Nao Victoria hace 4 años). Ambos me dijeron “te va a encantar y aunque se te haga un poco difícil al principio, luego no va a haber quien te saque del barco ni con agua caliente”. Y tienen razón. He disfrutado tanto que me encantaría que después de este puerto hubiera otro y luego otro y otro.

En cierta manera, el Galeón me ha atrapado y me da muchísima pena que esta etapa de mi vida acabe, pues la sensación de libertad y de paz que te aporta la mar es difícilmente descriptible. Aquí no existe más que lo que tienes delante, tus trabajillos, tu conversación con un compi y tu guardia.  Tratar de explicaros lo que se siente estando subido en la cofa del trinquete, pintándola con aceite de teca y con mi musiquita puesta, con unas vistas de un mar increíblemente grande, inmenso, en el que se reflejaba el sol, requiere de una capacidad de comunicación que no se si tengo. Ni usa sola preocupación, solo el mar, el barco y yo. Maravilloso!!! De verdad, la sensación de paz y de liberación que sentí es difícil de expresar con palabras.
Tal vez no lo entendáis, y sería comprensible porque sólo si lo has vivido te puedes hacer a la idea. Pero es una gozada no saber qué día es, ni que ha pasado en el mundo, ni tener n una sola preocupación. Es como vivir en otro mundo, aislado de la realidad y de absolutamente todo. En ese sentido, desde luego voy a echar mucho de menos esto y por eso, esta travesía he estado disfrutando cada segundo, intentando quedarme con la esencia de cada momento..



Pero bueno, las cosas nos gustan tanto porque sabemos que tienen un principio y un final y por eso las disfrutamos tanto. Esta etapa de la navegación se ha acabado, pero ahora me quedan tres semanas antes de irme con Mary de vacaciones por China. Y luego, a seguir con mi vida, que seguro que también me trae muuuuchas mas alegrías junto a mi gente más querida..

Pero bueno, como esto parece estar sonando un poco a despedida, y no lo es, os voy a contar cómo ha sido la travesía. Zarpamos el 10 de junio de Singapur, lo que significa que hemos tenido una de las travesías mas largas: 14 días. Si hay algo que ha cambiado radicalmente en esta singladura respecto a las demás es la meteorología. Los monzones típicos de esta zona nos han traído bastante lluvia en forma de chaparrones intermitentes (y la maniobra de H&S), así como noches con una densa niebla que nos han obligado a aumentar la atención en las guardias. Y lo más increíble, nos ha hecho desenterrar del armario la ropa de abrigo: chaquetones y pantalones largos han vuelto a aparecer por cubierta después de casi dos meses… El mundo al revés!

En el ambiente se ha notado que esta fase termina y los vídeos y cámaras de fotos han estado permanentemente en cubierta. EL tráfico de pen drives copiando las fotos de uno y de otro ha sido una constante y todo el mundo quiere copiar las fotos que tiene algún compi. Claro, así entiendo como tengo 11 gigas de fotos (unas 4.500!!!). Una locura… Especialmente bonito ha sido un video que Mauri nos ha hecho a toda la tripu. Una de las noches lo proyectamos y a más de uno se le puso la piel de gallina… El que lo quiera ver que me lo diga! ;)

Pero sin duda, esta singladura la vamos a recordar por los días que hemos podido disfrutar de navegar a vela y sin motor. Hasta ahora casi siempre que sacábamos las velas poníamos un poquito el motor para ayudarnos, pero en esta ocasión hemos navegado varios días con un solo sonido: el del mar. Y también recordaremos esta travesía porque nos dio la oportunidad de echar la zodiac al agua y hacer fotos del barco desde fuera.


Y así, el pasado jueves arribamos a Shanghai, un par de días mas tarde de lo que yo quería porque fue el cumple de Mary el 23 y quería haber estado en tierra para poder hablar mucho más rato con ella… Pero como os digo, al llegar, os podéis imaginar las caras de satisfacción de todos nosotros, aunque en nuestro interior también hubiese un sentimiento de pena. En mi caso, esos sentimientos se unieron a una frase que me sentía obligado a pronunciar: “Gracias Dios mío”.